¿Por qué flexitariano?

Las razones para adoptar una dieta flexitariana pueden ser variadas, pero en general la motivación suele estar guiada por la búsqueda de una forma de alimentación más sana, natural y sostenible.

Es bien sabido que una dieta basada en el consumo de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y productos de origen vegetal es mucho más saludable, reduce los niveles de colesterol y triglicéridos, baja la presión arterial y es cardioprotectora, además de protegernos contra determinados tipos de cáncer, por ejemplo el de colon. Además, mejora el estado físico y mental, permite un mejor control de peso y prolonga la vida.

Las sociedades con más alta esperanza de vida suelen seguir dietas donde los alimentos vegetales constituyen la base de su alimentación. Los aportes de ácidos grasos Omega 3 procedentes del pescado, y las proteínas de alta calidad biológica de la carne, que se incluyen en pequeñas cantidades en una alimentación flexitariana ayudan a controlar las posibles carencias que una dieta no perfectamente equilibrada pueda tener.

Por otra parte, el flexitarianismo nos permite disfrutar de todos los alimentos, eso sí, con moderación, y llevar una vida social sin imposición de restricciones. Como muchas personas, disfruto con la cocina vegetariana que hago a diario en mi casa, pero también me encantan los platos que mi madre ha preparado toda la vida, y el menú más especial de un restaurante. No me gusta tener que contarle mi vida, o mis preferencias alimentarias a alguien que no conozco cuando como fuera de casa, y además considero que estas excepciones en mi dieta vegetariana habitual no son negativas, sino incluso beneficiosas. El flexitarianismo no se centra en lo que NO comes, sino en lo que comes. Esa es, básicamente, la diferencia.

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